En la R.A.E aparece la siguiente definición: “1. m. Intoxicación crónica producida por el abuso del tabaco.”. Hoy en día, con todo lo que sabemos sobre los diferentes aspectos del problema, podrían figurar otras acepciones; no la estrictamente médica. La R.A.E da a entender que el acto de fumar pertenece a la misma categoría que otros actos básicos como comer, hablar, vestirse o dormir. Entonces, para aquellos que piensen que el tabaco es una droga o un veneno y pongan en entredicho la legitimidad de la venta de tabaco, resulta extraño que se hable sólo de abuso en el consumo; máxime si son los gobiernos y las tabaqueras las que negocian un baremo sobre el que evaluar y establecer el umbral del abuso entre el público.
Quien definió ese término parece distinguir entre uso, mal uso y abuso; cosa bastante absurda si consideramos objetivamente el acto de consumir tabaco, sobre todo el fumado, y queremos ver que meterse humo en los pulmones es algo bastante normal toda vez que nos obstinamos en apreciar en ello un uso razonable, dependiendo de la comedidura del que fuma. Claro, nos basamos en la fanática creencia de que meterse humo en los pulmones para luego tratar de expulsarlo es algo necesitado y ansiado por gran parte de la humanidad, sin explicaciones ulteriores, y que la adicción al tabaco y la manipulación social no existen.
Se fuma porque se fuma y ya está. A partir de ahí se define tabaquismo. El tabaquismo, para la R.A.E, hace referencia a las desgraciadas consecuencias lógicas de un hecho. Mientras, los verdaderos causantes de la enfermedad permanecen ocultos a la realidad académica y a nuestra percepción. De la misma manera que el sol sale por la mañana o existen los abrigos para protegernos del frío, los cigarros existen, son legales y se fuman.
Por tanto, se considera el tabaquismo como una enfermedad únicamente achacable a los malos usos del individuo. Se da por sentado que éste es libre y responsable pero no se tienen en cuenta los agentes exógenos que pueden llevarlo a fumar; no se tienen en cuenta a los beneficiarios directos de una enfermedad extraña. La realidad es que el adicto a los productos del tabaco sólo sufre los síntomas de una patología ajena pero no es un enfermo y, si lo es, su enfermedad ha sido inoculada por otros; no contraída de manera natural, fortuita o por culpa de la fatalidad. La lógica dice que las calles se mojan al llover. De igual forma, si se auspicia el consumo de tabaco, la población enferma. Tabaquismo no es sólo una enfermedad de la que un 30% de la población deba ser tratada por culpa de su débil biología proclive al vicio. El tabaquismo es también un problema de otros que insisten en enfermar a la gente para luego curarla.
Tabaquismo es que el Estado incluya al tabaco en el cálculo para el I.P.C. Tabaquismo es una enfermedad como la que padece el panfleto de la Comunidad Autónoma de Madrid que presenta por ley a los que fuman como si conformasen un colectivo perseguido orgulloso de su identidad. Tabaquismo es que se antepongan los intereses particulares de la industria y los intereses electoralistas a una política sanitaria coherente y al bienestar social. Tabaquismo es que el gobierno se niegue a endurecer o aplicar leyes para proteger a los que no fuman. Tabaquismo es la connivencia de la prensa y parte de la clase política en el apoyo al terrorismo mediático de los intereses tabaqueros. Tabaquismo es que se sienten a negociar en una misma mesa Gobierno, portavoces de gremios de hostelería y restauración, la AET y a la parte de la sociedad civil que tiene que decir algo al respecto como parte perjudicada sea oída pero no escuchada et cetera, et cetera.
PNF
viernes, 28 de diciembre de 2007
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