Muchos piensan que en tiempos de crisis y ansiedad, la gente fuma más. Esperemos que no se vuelva a repetir:
Parece que el tiempo de los especuladores y los oportunistas ha acabado. Hace ya bastantes meses que invertir en ladrillo no es rentable. Probablemente nunca lo fue pero se está descubriendo ahora. La sombra de la burbuja inmobiliaria y la crisis hipotecaria han dado al traste con lo que en estos últimos años fue una garantía para el inversor. Paralelamente, los datos de la inflación acumulada diezman el optimismo del consumidor y eso tiene su reflejo en los mercados.
El Ibex 35 sufrió antes de ayer unas pérdidas acumuladas de hasta un 7,5% mientras vemos como a Pedro Solves le recorre un sudor frío y se le hace un nudo en la garganta cada vez que trata de pronunciar un mensaje de tranquilidad ante los inversores y los electores.
Para nosotros, los ciudadanos y los consumidores, todo esto va a ser un poco incómodo. Así por ejemplo, muchos que pensaban en cambiar de coche, no lo van a hacer por ahora. Van a aguantar el suyo unos años más. No sabemos si nos vamos a pasar una temporada en la suficiencia y la comedidura. Sin embargo, para los grandes inversores va a ser aterrador. No van a saber qué hacer para salvar su patrimonio de la mediocridad. Ni el BBV, ni Iberdrola, ni Gas Natural, ni Gamesa, ni Telefónica, ni Vallehermoso parecen ser valores seguros salvo si se trata de malvender acciones tras adquisiciones temerarias.
Entonces en estos tiempos de crisis es cuando toca mirar al valor que los idiotas van a erigir como panacea de todos los males. Muchos, haciéndoles caso, van recurrir a lo que el mismísimo Estado a través de su Ministerio de Hacienda respalda a costa de la salud general y el gasto público.
Altadís moverá ficha. Ahora es el turno de los prebostes. Van a insinuar que una forma de salir del bache es estimular el consumo de tabaco; en relajar las regulaciones. Dirán por ejemplo que ello salvará el balance económico en el sector turístico para este año.
Si algo así vuelve a pasar, no pasará desaperibido para la opinión pública. Nuestro movimiento hará lo posible para que aquellos que lo hagáis -lo de invertir en acciones de Altadís- quedéis en ridículo y perdáis dinero por ello. Es hora de que la sociedad repercuta las pérdidas ocasionadas por el tabaco en las ganancias de unos inversores despiadados. No sería mala idea que se hiciesen publicas las identidades de los inversores en productos del tabaco. Los que invertís en esas cosas no merecéis dormir con la conciencia tranquila. La sociedad lo sabe y tiene derecho a saber quiénes sois.
miércoles, 23 de enero de 2008
lunes, 21 de enero de 2008
Jóvenes y concienciación
Para conseguir que los jóvenes no fumen tanto, hay que multar a los responsables. Para ello no se necesitan pomposos despliegues de policías, ni imponer toques de queda, ni que los GEO asalten espacios privados en aplicación de la ley Corcuera, tal y como nos quieren hacer creer. Tampoco hace falta convocar multitudinarias oposiciones a inspector de sanidad y ejercer un control documentado sobre las vidas privadas de todos y cada uno de los ciudadanos como si fuésemos funcionarios de la extinta Stasi. No hacen falta legiones de inspectores ni medidas autoritarias.
Sólo hace falta dificultar el acceso de la juventud al tabaco y tramitar el cobro de las multas a los vendedores oportunistas de manera rápida y efectiva. Nos parece bien que se dediquen esfuerzos a difundir las tímidas campañas de concienciación. Pero dada la situación, es absurdo premiar en esta fase el abandono del vicio como si fuese un “mérito” que sólo corresponde al individuo y que, por tanto, no es un problema achacable al propio estado.
Primero hay que reprimir el consumo juvenil en sociedad porque si no, perdemos el tiempo obsesionándonnos con la concienciación. A veces no podemos esperar a que algún día la gente sea “educada”. Estamos construyendo un castillo de naipes que sabemos que va a ser demolido de un manotazo por los beneficiarios del vicio cuando tengamos la mitad construido. No hay tanto tiempo para concienciar a los jóvenes. Ellos necesitan aprender de sus errores; no quedar atrapados en ellos.
Sólo hace falta dificultar el acceso de la juventud al tabaco y tramitar el cobro de las multas a los vendedores oportunistas de manera rápida y efectiva. Nos parece bien que se dediquen esfuerzos a difundir las tímidas campañas de concienciación. Pero dada la situación, es absurdo premiar en esta fase el abandono del vicio como si fuese un “mérito” que sólo corresponde al individuo y que, por tanto, no es un problema achacable al propio estado.
Primero hay que reprimir el consumo juvenil en sociedad porque si no, perdemos el tiempo obsesionándonnos con la concienciación. A veces no podemos esperar a que algún día la gente sea “educada”. Estamos construyendo un castillo de naipes que sabemos que va a ser demolido de un manotazo por los beneficiarios del vicio cuando tengamos la mitad construido. No hay tanto tiempo para concienciar a los jóvenes. Ellos necesitan aprender de sus errores; no quedar atrapados en ellos.
viernes, 18 de enero de 2008
La Administración: los hosteleros no colaboran en la aplicación de la ley
No me parece que eso deba servir de disculpa a la ineficiencia de la Administración. Supongamos que la sociedad española es cobarde, o tiene complejo de dictadura, o el porcentaje de gente que fuma en lugares inadecuados sumado al de los que toleran las infracciones supera la mitad de la población. ¿Debe ser el Estado reflejo de la sociedad y acompañarla por los mismos derroteros? Si es así, el estado y sus leyes pierden su sentido; no vale para nada y podemos prescindir de él.
Cuando una ley se dicta, ha de ir acompañada de los medios adecuados para hacerla cumplir. La Ley se dicta con sólo un fin: conseguir aquello que, en el libre albedrío, no tendría lugar de manera espontanea –eso ya lo sabemos-.
Entonces, para el caso que nos ocupa, el hecho de que los hosteleros españoles quieran hacer cumplir o no la ley es irrelevante, entre otras cosas porque ellos son también los destinatarios de esa ley. El que, a diferencia de Irlanda, el sector hostelero español diga que a los camareros les da vergüenza decirle a la gente que no fume o sindicatos y gremios al completo se declaren en rebeldía, no significa que la Administración no deba actuar; eso no quiere decir que ya ha hecho todo lo posible por hacer cumplir la ley; eso no significa que ya se pueda lavar uno las manos...
En la sociedad existen muchos problemas que son difíciles de tratar pese a que su solución está prescrita por ley y el acompañamiento de medios es más que generoso, pero no es el caso del tabaco. La cosa es muy sencilla en el caso del tabaco. La ley se incumple porque no se multa. Si en Irlanda se cumple la ley sin necesidad de multar y se cuenta con la colaboración de los barman, mejor para los irlandeses. Pero aquí estamos en España y aquello no es de nuestra incumbencia.
Si yo no puedo hacer una cosa de una manera o con una determinada ayuda, lo hago de otra forma y con otras ayudas. Si yo no puedo hacer que se cumpla la ley del tabaco por ciencia infusa como en Irlanda, tendré que diseñar un plan para afrontar la situación y poner en marcha los mecanismos adecuados para HACER que la ley se cumpla. Las leyes nunca se cumplen por las buenas; siempre se hacen cumplir, o sea, por las malas. Por eso son leyes y no recomendaciones.
Cuando una ley se dicta, ha de ir acompañada de los medios adecuados para hacerla cumplir. La Ley se dicta con sólo un fin: conseguir aquello que, en el libre albedrío, no tendría lugar de manera espontanea –eso ya lo sabemos-.
Entonces, para el caso que nos ocupa, el hecho de que los hosteleros españoles quieran hacer cumplir o no la ley es irrelevante, entre otras cosas porque ellos son también los destinatarios de esa ley. El que, a diferencia de Irlanda, el sector hostelero español diga que a los camareros les da vergüenza decirle a la gente que no fume o sindicatos y gremios al completo se declaren en rebeldía, no significa que la Administración no deba actuar; eso no quiere decir que ya ha hecho todo lo posible por hacer cumplir la ley; eso no significa que ya se pueda lavar uno las manos...
En la sociedad existen muchos problemas que son difíciles de tratar pese a que su solución está prescrita por ley y el acompañamiento de medios es más que generoso, pero no es el caso del tabaco. La cosa es muy sencilla en el caso del tabaco. La ley se incumple porque no se multa. Si en Irlanda se cumple la ley sin necesidad de multar y se cuenta con la colaboración de los barman, mejor para los irlandeses. Pero aquí estamos en España y aquello no es de nuestra incumbencia.
Si yo no puedo hacer una cosa de una manera o con una determinada ayuda, lo hago de otra forma y con otras ayudas. Si yo no puedo hacer que se cumpla la ley del tabaco por ciencia infusa como en Irlanda, tendré que diseñar un plan para afrontar la situación y poner en marcha los mecanismos adecuados para HACER que la ley se cumpla. Las leyes nunca se cumplen por las buenas; siempre se hacen cumplir, o sea, por las malas. Por eso son leyes y no recomendaciones.
jueves, 17 de enero de 2008
La dignidad del oficio de camarero
Pregonan abusones conservadores, tales como presidentes de gremios de hostelería, consejeros de turismo de C.C.A.A “mal informados” y otros retrógrados que, de la crisis en el sector turístico que se avecina, va a ser responsable la manía del gobierno de prohibir fumar y beber en los entornos turísticos.
Por otra parte se quejan los hosteleros de que falta mano de obra dispuesta a trabajar en el oficio. Para empezar, los españoles ya no quieren hacerlo. Para los inmigrantes es un empleo “puente” antes de conseguir dedicarse a otras cosas. Todo porque es un oficio poco agradecido, muy sacrificado, no muy bien pagado y, según establece la ley 28/05, poco digno y nada saludable.
Parece que, en lugar de invertir en la mejora de la imagen del oficio de camarero, es más rentable servirse del poder de la administración para oficializar la inexistencia de los derechos de estos trabajadores. Los camareros son sólo instrumentos o máquinas que portan vasos, copas y platos donde sea y como sea.
Lo de permitir fumar delante de sus narices en su lugar de trabajo, les molesté o no, es uno los aspectos que evidencia el desprecio de la sociedad a estos parias. Y todo porque la industria tabaquera hizo creer a los cargos oportunos que si se prohibía fumar dentro de los locales, las pérdidas para el hostelero iban a ser ni más ni menos que de hasta un 30% en la facturación; como si las pérdidas que pudiesen sufrir los altos cargos hosteleros en favores de tabaqueras fuesen repercutibles a todos y cada uno de los pequeños propietarios de bares y restaurantes.
Inexplicablemente, nadie se molestó en solicitar a las tabaqueras y a los hosteleros manipulados que detallasen los mecanismos concretos que originaban las perdidas. ¿Para qué? El público no se iba a quejar bastante por el humo en los bares y los camareros se lo creerían a pies juntillas, como si fuese una cuestión de fe. Quizás porque temían que el jefe repercutiese sus pérdidas en los exiguos sueldos de sus empleados o simplemente porque sí.
Con un criterio homogéneo en la prohibición, olvidando lo de la alienada potestad del propietario a decidir si se fuma o no en su local en base a criterios aleatorios, las ganancias se habrían incrementado hasta en un 2% en la absoluta mayoría de los locales a corto plazo. A largo medio-plazo subiría ese porcentaje conforme el sector turístico-hostelero fuese adaptándose a las nuevas necesidades: la mejora de las infraestructuras y de la calidad de los servicios sin el obstáculo del humo y sus conflictivas consecuencias.
Por otra parte, cuando España deje de espantar a los turistas europeos con el pestazo del humo de tabaco, también ganaremos todos los beneficiarios del turismo y la hostelería. Sólo perderá Una.
Por otra parte se quejan los hosteleros de que falta mano de obra dispuesta a trabajar en el oficio. Para empezar, los españoles ya no quieren hacerlo. Para los inmigrantes es un empleo “puente” antes de conseguir dedicarse a otras cosas. Todo porque es un oficio poco agradecido, muy sacrificado, no muy bien pagado y, según establece la ley 28/05, poco digno y nada saludable.
Parece que, en lugar de invertir en la mejora de la imagen del oficio de camarero, es más rentable servirse del poder de la administración para oficializar la inexistencia de los derechos de estos trabajadores. Los camareros son sólo instrumentos o máquinas que portan vasos, copas y platos donde sea y como sea.
Lo de permitir fumar delante de sus narices en su lugar de trabajo, les molesté o no, es uno los aspectos que evidencia el desprecio de la sociedad a estos parias. Y todo porque la industria tabaquera hizo creer a los cargos oportunos que si se prohibía fumar dentro de los locales, las pérdidas para el hostelero iban a ser ni más ni menos que de hasta un 30% en la facturación; como si las pérdidas que pudiesen sufrir los altos cargos hosteleros en favores de tabaqueras fuesen repercutibles a todos y cada uno de los pequeños propietarios de bares y restaurantes.
Inexplicablemente, nadie se molestó en solicitar a las tabaqueras y a los hosteleros manipulados que detallasen los mecanismos concretos que originaban las perdidas. ¿Para qué? El público no se iba a quejar bastante por el humo en los bares y los camareros se lo creerían a pies juntillas, como si fuese una cuestión de fe. Quizás porque temían que el jefe repercutiese sus pérdidas en los exiguos sueldos de sus empleados o simplemente porque sí.
Con un criterio homogéneo en la prohibición, olvidando lo de la alienada potestad del propietario a decidir si se fuma o no en su local en base a criterios aleatorios, las ganancias se habrían incrementado hasta en un 2% en la absoluta mayoría de los locales a corto plazo. A largo medio-plazo subiría ese porcentaje conforme el sector turístico-hostelero fuese adaptándose a las nuevas necesidades: la mejora de las infraestructuras y de la calidad de los servicios sin el obstáculo del humo y sus conflictivas consecuencias.
Por otra parte, cuando España deje de espantar a los turistas europeos con el pestazo del humo de tabaco, también ganaremos todos los beneficiarios del turismo y la hostelería. Sólo perderá Una.
martes, 15 de enero de 2008
Camareros, bah, esos parias...
Con la ley 28/05, al tabacocentrismo socialista no se le ha ocurrido otra cosa que escoger la peor de las opciones posibles a la hora de librar al camarero del humo en las áreas de fumadores en bares y restaurantes. Tenía tres opciones:
-Obligar a que, el que quiera fumarse un cigarro, salga un rato a la calle.
-Prohibir que, en las zonas de fumadores, los camareros entren a servir.
-No considerar que los derechos de los camareros que no fuman existan.
Obviamente, se optó por lo último. En realidad, incluso la segunda, es de difícil aplicación y una chapuza. Pues llegado el horario de cierre, los camareros han de entrar a esas zonas de riesgo radiológico a deshollinar con pinzas en las narices, entre la ceniza y el pestazo residual. Además se han de instalar costosos sistemas de acceso con cierre automático. Eso sin contar con los sistemas de extracción de humos y el absurdo gasto energético que todo esto implica.
Pero tampoco olvidemos que es frecuente que se empiece a trabajar como camarero a los 16 años. Entonces, ¿Cómo pueden ellos servir en zonas de fumadores si se supone que los menores de edad no pueden entrar donde se permita fumar?.
Se ha ratificado por ley la cacicada. Se ha ayudado a consolidar el derecho al abuso por parte de los fumadores y de los interesados propietarios hosteleros hacia un débil colectivo que, desde el prejuicio, se da por sentado que sólo lo forman inmigrantes, niñatos en la edad del pavo, incultos sin estudios, o mujeres en una situación socioeconómica desesperada. Casualmente es uno de los pocos gremios que no dispone de un apoyo sindical definido, por lo que pueden pasar por sumisos o incluso mudos.
Los defensores de los intereses hosteleros en España se comunican con la administración a través de HORECA y la figura de los Presidentes de Gremios de Hostelería que, en muchos casos, sólo son receptores del favor de las tabaqueras. Por tanto, está en “buenas” manos la defensa del oficio.
El colectivo de los camareros ha sido el único en la historia reciente insultado hasta la vergüenza por el mismísimo texto de una ley. Sin embargo, los que fuman tenían derecho a hacerlo dentro de donde les diese la gana. Los que fumaban, sólo echaban en falta en sus zonas inmensificadas a posteriori, disponer de un reposapiés, tener un limpiabotas a su servicio, esclavos abanicándoles con un paipai y camareros sirviéndoles mientras se fuman un cigarro.
-Obligar a que, el que quiera fumarse un cigarro, salga un rato a la calle.
-Prohibir que, en las zonas de fumadores, los camareros entren a servir.
-No considerar que los derechos de los camareros que no fuman existan.
Obviamente, se optó por lo último. En realidad, incluso la segunda, es de difícil aplicación y una chapuza. Pues llegado el horario de cierre, los camareros han de entrar a esas zonas de riesgo radiológico a deshollinar con pinzas en las narices, entre la ceniza y el pestazo residual. Además se han de instalar costosos sistemas de acceso con cierre automático. Eso sin contar con los sistemas de extracción de humos y el absurdo gasto energético que todo esto implica.
Pero tampoco olvidemos que es frecuente que se empiece a trabajar como camarero a los 16 años. Entonces, ¿Cómo pueden ellos servir en zonas de fumadores si se supone que los menores de edad no pueden entrar donde se permita fumar?.
Se ha ratificado por ley la cacicada. Se ha ayudado a consolidar el derecho al abuso por parte de los fumadores y de los interesados propietarios hosteleros hacia un débil colectivo que, desde el prejuicio, se da por sentado que sólo lo forman inmigrantes, niñatos en la edad del pavo, incultos sin estudios, o mujeres en una situación socioeconómica desesperada. Casualmente es uno de los pocos gremios que no dispone de un apoyo sindical definido, por lo que pueden pasar por sumisos o incluso mudos.
Los defensores de los intereses hosteleros en España se comunican con la administración a través de HORECA y la figura de los Presidentes de Gremios de Hostelería que, en muchos casos, sólo son receptores del favor de las tabaqueras. Por tanto, está en “buenas” manos la defensa del oficio.
El colectivo de los camareros ha sido el único en la historia reciente insultado hasta la vergüenza por el mismísimo texto de una ley. Sin embargo, los que fuman tenían derecho a hacerlo dentro de donde les diese la gana. Los que fumaban, sólo echaban en falta en sus zonas inmensificadas a posteriori, disponer de un reposapiés, tener un limpiabotas a su servicio, esclavos abanicándoles con un paipai y camareros sirviéndoles mientras se fuman un cigarro.
lunes, 7 de enero de 2008
RECOMENDACIONES INICIALES PARA ESPAÑA Y PORTUGAL
Hoy presentamos algo difícil de creer.
En la década pasada, un acuerdo entre los diferentes estados norteamericanos y las compañías tabaqueras obligó a que los documentos usados en los diferentes procesos judiciales fuesen desclasificados. Es decir, que fuesen puestos a disposición del público.
Dossieres y dossieres con un volumen total de unas 60.000 páginas, muestran en detalle las estrategias usadas por la industria para mantener sus ventas en todo el mundo frente a la inminente amenaza de las regulaciones estatales.
Este documento que presentamos revela cómo Philip Morris procedió en España a través de la empresa de relaciones públicas Burson Masteller. Inexplicablemente, pese a que estos documentos están disponibles y son de fácil acceso -están en internet-, nadie en España se ha molestado tan siquiera en traducirlo al idioma de las víctimas hasta este preciso momento; nadie.
Constituye, en resumen, la génesis de la aceptabilidad social en España. Enseña cómo se forjó el tergiversado concepto de “tolerancia”, auspiciando el nacimiento de un club de fumadores...
Explica por qué nos ha sido -nos será- tan difícil establecer una regulación decente que proteja al fumador pasivo y disminuya las tasas de tabaquismo.
Destacamos:
“(...) En su origen, la aceptabilidad social se fue formando en un mundo en el que
todavía no habían surgido preocupaciones por temas de salud. La nueva
aceptabilidad debe construirse en un mundo donde la salud importa. Esto requiere
un replanteamiento del contexto del acto de fumar, lo cual incluye:
⁎ La idea de elegir el riesgo, con conocimiento de causa.
⁎ La idea de que fumar no debería molestar a los demás.
⁎ La idea de que fumar es algo que se hace en ciertos lugares/momentos(...)
(...)⁎ En España hay varias posibilidades, por ejemplo
-El derecho de los individuos para decidir por ellos mismos.
-Cuidado con los "antis"
-La necesidad de volver a un comportamiento social cortés, o "la buena
educación".(...)
(...)El mensaje sobre "la libertad individual de elección" lo podría transmitir Adolfo Suarez, ex
presidente de España y respetado político y figura pública. Este tema además le toca de
cerca (es uno de los pocos políticos que fuma en público).(...)
(...)2a - Se ha formado una pequeña asociación pro-tabaco alrededor del humorista y
periodista Moncho Alpuente. Es una organización informal, más bien un grupo de amigos.
Su líder bien podría apoyar otras iniciativas de la asociación de fumadores, pero no sería
un portavoz recomendable. (No es una personalidad "controlable").(...)
(...)La asociación de fumadores publica un libro sobre “tabaco en el puesto de trabajo” en
el que se dice que la mejor solución para España radica en la cortesía.(...)”
La traducción completa podéis verla en:
http://www.pnf.es/docs/ACEPTABILIDAD%20SOCIAL.pdf
En la década pasada, un acuerdo entre los diferentes estados norteamericanos y las compañías tabaqueras obligó a que los documentos usados en los diferentes procesos judiciales fuesen desclasificados. Es decir, que fuesen puestos a disposición del público.
Dossieres y dossieres con un volumen total de unas 60.000 páginas, muestran en detalle las estrategias usadas por la industria para mantener sus ventas en todo el mundo frente a la inminente amenaza de las regulaciones estatales.
Este documento que presentamos revela cómo Philip Morris procedió en España a través de la empresa de relaciones públicas Burson Masteller. Inexplicablemente, pese a que estos documentos están disponibles y son de fácil acceso -están en internet-, nadie en España se ha molestado tan siquiera en traducirlo al idioma de las víctimas hasta este preciso momento; nadie.
Constituye, en resumen, la génesis de la aceptabilidad social en España. Enseña cómo se forjó el tergiversado concepto de “tolerancia”, auspiciando el nacimiento de un club de fumadores...
Explica por qué nos ha sido -nos será- tan difícil establecer una regulación decente que proteja al fumador pasivo y disminuya las tasas de tabaquismo.
Destacamos:
“(...) En su origen, la aceptabilidad social se fue formando en un mundo en el que
todavía no habían surgido preocupaciones por temas de salud. La nueva
aceptabilidad debe construirse en un mundo donde la salud importa. Esto requiere
un replanteamiento del contexto del acto de fumar, lo cual incluye:
⁎ La idea de elegir el riesgo, con conocimiento de causa.
⁎ La idea de que fumar no debería molestar a los demás.
⁎ La idea de que fumar es algo que se hace en ciertos lugares/momentos(...)
(...)⁎ En España hay varias posibilidades, por ejemplo
-El derecho de los individuos para decidir por ellos mismos.
-Cuidado con los "antis"
-La necesidad de volver a un comportamiento social cortés, o "la buena
educación".(...)
(...)El mensaje sobre "la libertad individual de elección" lo podría transmitir Adolfo Suarez, ex
presidente de España y respetado político y figura pública. Este tema además le toca de
cerca (es uno de los pocos políticos que fuma en público).(...)
(...)2a - Se ha formado una pequeña asociación pro-tabaco alrededor del humorista y
periodista Moncho Alpuente. Es una organización informal, más bien un grupo de amigos.
Su líder bien podría apoyar otras iniciativas de la asociación de fumadores, pero no sería
un portavoz recomendable. (No es una personalidad "controlable").(...)
(...)La asociación de fumadores publica un libro sobre “tabaco en el puesto de trabajo” en
el que se dice que la mejor solución para España radica en la cortesía.(...)”
La traducción completa podéis verla en:
http://www.pnf.es/docs/ACEPTABILIDAD%20SOCIAL.pdf
sábado, 5 de enero de 2008
De cómo la Industria Tabaquera se sirve de los rumores
El Gobierno le suplica la aportación de cuentas a la tabaquera; balances que justifiquen la rentabilidad económica, social y electoral de la venta fiscalizada de tabaco; un consuelo existencial que compense el desbarajuste que ocasiona en la salud pública…
Ante esto, la Industria presenta sus números y concluye inequívocamente: 2+2=5
Entones, el Ministerio de Hacienda procesa los datos que recibe y los compara con los que él tiene o da por creíbles, parchea como puede y, tras rediseñar los ajustes a la fiscalidad del tabaco para ese ejercicio, proclama: “¡Es verdad! 2+2=7”
Poco después, los prebostes de la Industria recuerdan lo conveniente que es el tabaco y subrayan por diferentes medios de difusión: “¡Claro que sí! 2+2=9”
Tras esto, gran parte de la prensa económica y bursátil de este país confirma todo lo dicho y recalca: “Todo parece indicar que 2+2=11”.
Por último, el bulo llega a escritores mercenarios, estanqueros resabiados, fumadores compulsivos y a los politicastros oportunistas de tres al cuarto que quieren complacerlos. Entre colocón y colocón de nicotina, todos ellos balbucean al unísono: “¡Oh, sí! Por supuesto 2+2=15
Ante esto, la Industria presenta sus números y concluye inequívocamente: 2+2=5
Entones, el Ministerio de Hacienda procesa los datos que recibe y los compara con los que él tiene o da por creíbles, parchea como puede y, tras rediseñar los ajustes a la fiscalidad del tabaco para ese ejercicio, proclama: “¡Es verdad! 2+2=7”
Poco después, los prebostes de la Industria recuerdan lo conveniente que es el tabaco y subrayan por diferentes medios de difusión: “¡Claro que sí! 2+2=9”
Tras esto, gran parte de la prensa económica y bursátil de este país confirma todo lo dicho y recalca: “Todo parece indicar que 2+2=11”.
Por último, el bulo llega a escritores mercenarios, estanqueros resabiados, fumadores compulsivos y a los politicastros oportunistas de tres al cuarto que quieren complacerlos. Entre colocón y colocón de nicotina, todos ellos balbucean al unísono: “¡Oh, sí! Por supuesto 2+2=15
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