El Gobierno le suplica la aportación de cuentas a la tabaquera; balances que justifiquen la rentabilidad económica, social y electoral de la venta fiscalizada de tabaco; un consuelo existencial que compense el desbarajuste que ocasiona en la salud pública…
Ante esto, la Industria presenta sus números y concluye inequívocamente: 2+2=5
Entones, el Ministerio de Hacienda procesa los datos que recibe y los compara con los que él tiene o da por creíbles, parchea como puede y, tras rediseñar los ajustes a la fiscalidad del tabaco para ese ejercicio, proclama: “¡Es verdad! 2+2=7”
Poco después, los prebostes de la Industria recuerdan lo conveniente que es el tabaco y subrayan por diferentes medios de difusión: “¡Claro que sí! 2+2=9”
Tras esto, gran parte de la prensa económica y bursátil de este país confirma todo lo dicho y recalca: “Todo parece indicar que 2+2=11”.
Por último, el bulo llega a escritores mercenarios, estanqueros resabiados, fumadores compulsivos y a los politicastros oportunistas de tres al cuarto que quieren complacerlos. Entre colocón y colocón de nicotina, todos ellos balbucean al unísono: “¡Oh, sí! Por supuesto 2+2=15
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