lunes, 21 de enero de 2008

Jóvenes y concienciación

Para conseguir que los jóvenes no fumen tanto, hay que multar a los responsables. Para ello no se necesitan pomposos despliegues de policías, ni imponer toques de queda, ni que los GEO asalten espacios privados en aplicación de la ley Corcuera, tal y como nos quieren hacer creer. Tampoco hace falta convocar multitudinarias oposiciones a inspector de sanidad y ejercer un control documentado sobre las vidas privadas de todos y cada uno de los ciudadanos como si fuésemos funcionarios de la extinta Stasi. No hacen falta legiones de inspectores ni medidas autoritarias.

Sólo hace falta dificultar el acceso de la juventud al tabaco y tramitar el cobro de las multas a los vendedores oportunistas de manera rápida y efectiva. Nos parece bien que se dediquen esfuerzos a difundir las tímidas campañas de concienciación. Pero dada la situación, es absurdo premiar en esta fase el abandono del vicio como si fuese un “mérito” que sólo corresponde al individuo y que, por tanto, no es un problema achacable al propio estado.

Primero hay que reprimir el consumo juvenil en sociedad porque si no, perdemos el tiempo obsesionándonnos con la concienciación. A veces no podemos esperar a que algún día la gente sea “educada”. Estamos construyendo un castillo de naipes que sabemos que va a ser demolido de un manotazo por los beneficiarios del vicio cuando tengamos la mitad construido. No hay tanto tiempo para concienciar a los jóvenes. Ellos necesitan aprender de sus errores; no quedar atrapados en ellos.

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