Este es un claro ejemplo de cómo la poderosa industria tabaquera tiene capacidad para usar un signo político al completo en pro de sus intereses. Es lo que estamos viendo estos últimos años: cómo el Partido Popular ha sido vilmente engañado con datos falsos aportados por la propia industria tabaquera disfrazada de consejera electoral. Atendiendo a la lógica, el Partido Popular debe percatarse de su error. La cuestión es cuándo.
Una cosa es defender el interés general de los empresarios y su libertad, lo cual no me parece ni bien ni mal, y otra cosa bien diferente es defender a toda costa los intereses de un sector empresarial particular en detrimento del de los demás. Esto último es un error si se trata de conseguir más votos.
Cómo ha sobrevenido el error
Se ha buscado en estos últimos años un cambio que permitiese ofrecer al PP una imagen fresca e innovadora a la vez que fidedigna. Así, el elector, vería en términos económicos más efectiva su gestión que la del actual gobierno. Para ello, el partido se abrió a la influencia de las consignas neoliberales sin saber que a España llegan por un cauce mediado; no a gusto del mundo empresarial en general, sino de unos intereses en particular: los de la Industria Tabaquera.
La percepción directa les dice a los ideólogos del partido que en la vieja Europa, llena de rojerío y de progres, se han instaurado las perniciosas políticas reguladoras contra el tabaco. Pero la lógica no parece decirles que esas restricciones han sido importadas del país que con más éxito cultiva el liberalismo: los EEUU.
En los EEUU, se prohíbe y se regula el consumo de tabaco porque ya se comprobó que no funcionaba lo de convencer, motivar, incentivar... y que además perjudicaba al resto de los sectores eso de fumar tanto, a todas horas y en todos sitios. Las férreas regulaciones del tabaco son exactamente igual de necesarias que las leyes antimonopolio en cualquier entorno liberal. Pero parece como si el liberalismo bien entendido estuviese sujeto a derechos de patente y, a los negros y a los hispanos, sólo se les hubiese concedido licencia de uso con una cláusula final que especifica: “Podrá llevarse a cabo el uso y abuso de doctrinas liberales en España e Iberoamérica con la sola condición de que así se protejan y favorezcan los intereses de la Industria Tabaquera. Quedando esta premisa como obligación contractual única para las partes.”
En cuanto a la opinión que tienen los votantes del PP al respecto, en el fondo es la misma que la de cualquiera. Es absurdo asignar una opinión sobre la regulación del consumo de tabaco a un determinado signo político, salvo que se quiera fomentar el conflicto entre la mayoría de los adeptos a un mismo partido. Con la regulación de la venta pasa algo parecido. En realidad, es una cosa que no debería tener nada que ver con política.
Los que fuman y los que no fuman, pueden pertenecer a cualquier ideología política. Tanto detractores como seguidores del tabaco, pueden ser del PP o del PSOE. Pero la variable principal que no se está teniendo en cuenta es la sinceridad consigo mismo del votante en la intimidad, donde olvida las discusiones tabaqueras y se remite al sentido común. El voto es secreto y, en la cabina, casi nadie está interesado en que se fume más o en más sitios; más bien todo lo contrario. La mayoría de los fumadores quieren dejar el hábito. Por otra parte, los que no fuman quieren más locales libres de humo y que les atufen lo menos posible con el hollín carcinogénico. Es obvio que los que tengan un negocio relacionado con el gremio, votarán desesperadamente al PP -cosa que harán en cualquier caso- pero los que venden tabaco son unos pocos y, los que lo compran, casi la mitad del censo. Los que ni venden ni compran, son la otra mitad restante.
Si preguntamos a los ciudadanos de a pie por su opinión sincera sobre la oposición del PP a las regulaciones del tabaco existentes, independientemente de que sean o no fumadores, la mayoría reconocerá el error y la mala imagen que está dando el partido en su acercamiento al problema. Todo votante concienciado sabe que algo así sólo favorece a la industria tabaquera, deja indiferente a la mayoría de los fumadores y disgusta a los que no fuman. Los pocos fumadores exaltados restantes, suelen pertenecer al típico grueso del censo que no acude a las urnas el día de la votación porque prefiere aprovechar para quedarse en el bar.
He conocido a más de uno que prefiere votar al PSOE sólo porque piensa que va a prohibir en breve fumar en todos los locales de ocio. Por otro lado, no he conocido a nadie que diga que sólo votará al PP porque va a dejar fumar en más sitios. Para muchos, esto último, es algo sugerente y divertido para decirlo en un día de fiesta con dos copas de más, pero no va en serio. La inmensa mayoría cree que en el fondo es necesario endurecer las prohibiciones. En conclusión, el PP va a perder votos por culpa de la industria tabaquera, mientras el PSOE los va a ganar gracias a ella.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario