No me parece que eso deba servir de disculpa a la ineficiencia de la Administración. Supongamos que la sociedad española es cobarde, o tiene complejo de dictadura, o el porcentaje de gente que fuma en lugares inadecuados sumado al de los que toleran las infracciones supera la mitad de la población. ¿Debe ser el Estado reflejo de la sociedad y acompañarla por los mismos derroteros? Si es así, el estado y sus leyes pierden su sentido; no vale para nada y podemos prescindir de él.
Cuando una ley se dicta, ha de ir acompañada de los medios adecuados para hacerla cumplir. La Ley se dicta con sólo un fin: conseguir aquello que, en el libre albedrío, no tendría lugar de manera espontanea –eso ya lo sabemos-.
Entonces, para el caso que nos ocupa, el hecho de que los hosteleros españoles quieran hacer cumplir o no la ley es irrelevante, entre otras cosas porque ellos son también los destinatarios de esa ley. El que, a diferencia de Irlanda, el sector hostelero español diga que a los camareros les da vergüenza decirle a la gente que no fume o sindicatos y gremios al completo se declaren en rebeldía, no significa que la Administración no deba actuar; eso no quiere decir que ya ha hecho todo lo posible por hacer cumplir la ley; eso no significa que ya se pueda lavar uno las manos...
En la sociedad existen muchos problemas que son difíciles de tratar pese a que su solución está prescrita por ley y el acompañamiento de medios es más que generoso, pero no es el caso del tabaco. La cosa es muy sencilla en el caso del tabaco. La ley se incumple porque no se multa. Si en Irlanda se cumple la ley sin necesidad de multar y se cuenta con la colaboración de los barman, mejor para los irlandeses. Pero aquí estamos en España y aquello no es de nuestra incumbencia.
Si yo no puedo hacer una cosa de una manera o con una determinada ayuda, lo hago de otra forma y con otras ayudas. Si yo no puedo hacer que se cumpla la ley del tabaco por ciencia infusa como en Irlanda, tendré que diseñar un plan para afrontar la situación y poner en marcha los mecanismos adecuados para HACER que la ley se cumpla. Las leyes nunca se cumplen por las buenas; siempre se hacen cumplir, o sea, por las malas. Por eso son leyes y no recomendaciones.
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