Con la ley 28/05, al tabacocentrismo socialista no se le ha ocurrido otra cosa que escoger la peor de las opciones posibles a la hora de librar al camarero del humo en las áreas de fumadores en bares y restaurantes. Tenía tres opciones:
-Obligar a que, el que quiera fumarse un cigarro, salga un rato a la calle.
-Prohibir que, en las zonas de fumadores, los camareros entren a servir.
-No considerar que los derechos de los camareros que no fuman existan.
Obviamente, se optó por lo último. En realidad, incluso la segunda, es de difícil aplicación y una chapuza. Pues llegado el horario de cierre, los camareros han de entrar a esas zonas de riesgo radiológico a deshollinar con pinzas en las narices, entre la ceniza y el pestazo residual. Además se han de instalar costosos sistemas de acceso con cierre automático. Eso sin contar con los sistemas de extracción de humos y el absurdo gasto energético que todo esto implica.
Pero tampoco olvidemos que es frecuente que se empiece a trabajar como camarero a los 16 años. Entonces, ¿Cómo pueden ellos servir en zonas de fumadores si se supone que los menores de edad no pueden entrar donde se permita fumar?.
Se ha ratificado por ley la cacicada. Se ha ayudado a consolidar el derecho al abuso por parte de los fumadores y de los interesados propietarios hosteleros hacia un débil colectivo que, desde el prejuicio, se da por sentado que sólo lo forman inmigrantes, niñatos en la edad del pavo, incultos sin estudios, o mujeres en una situación socioeconómica desesperada. Casualmente es uno de los pocos gremios que no dispone de un apoyo sindical definido, por lo que pueden pasar por sumisos o incluso mudos.
Los defensores de los intereses hosteleros en España se comunican con la administración a través de HORECA y la figura de los Presidentes de Gremios de Hostelería que, en muchos casos, sólo son receptores del favor de las tabaqueras. Por tanto, está en “buenas” manos la defensa del oficio.
El colectivo de los camareros ha sido el único en la historia reciente insultado hasta la vergüenza por el mismísimo texto de una ley. Sin embargo, los que fuman tenían derecho a hacerlo dentro de donde les diese la gana. Los que fumaban, sólo echaban en falta en sus zonas inmensificadas a posteriori, disponer de un reposapiés, tener un limpiabotas a su servicio, esclavos abanicándoles con un paipai y camareros sirviéndoles mientras se fuman un cigarro.
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